SINGULARITY

Si querés ver cómo la elite de Sillicon Valley imagina el futuro del mundo, inscribite en Singularity University. Su business plan es el permanente optimismo.

Ray Kurzweil, inventor americano y futurista. “Para el año 2045 se multiplicará por un factor de un billón la inteligencia colectiva de nuestra civilización, de las personas y de las máquinas. Ese será el despertar de la singularidad tecnológica, un futuro que desafía nuestra imaginación.” Ray Kurzweil sube al escenario para describir su visión optimista de la tecnología high-tech del futuro. Su audiencia de casi 100 ejecutivos de 38 países escucha en silencio. Los smartphones son azotados para grabar cada palabra pronunciada por el inventor y futurista, quien también es director de ingeniería en Google. Kurzweil se dirige a los miembros del Programa Ejecutivo en Singularity University, ubicada en el corazón de Silicon Valley y les habla por más de una hora sobre el imparable avance de la inteligencia artificial y de los nanobots microscópicos. El científico en computadores de 69 años reclama que en unos pocos años, estos pequeños robots fluirán dentro de nuestros cuerpos para reprogramar nuestros sistemas inmunes y conectarán nuestros cerebros con la nube. “Nuestro pensamiento será un híbrido de pensamiento biológico y no-biológico. Este upgrade es una mejora que nos hará más graciosos e inteligentes”, dice Kurzweil con la sobria convicción de un hombre que ha dedicado su vida a investigar la síntesis entre el hombre y la máquina. Sus best-sellers incluyen los libros The Age of Spiritual Maquines y The Singularity is Near. Singularity University fue fundada en 2009, la organización creció para ser uno de los think tanks más prominentes para la transformación digital. Tratan los grandes desafíos del futuro y juntan personas para obtener respuestas no convencionales. “Basicamente somos optimistas que creemos que la tecnología puede ser usada para el bien de la humanidad”, dice Carin Watson, refiriéndose a las tecnologías como microprocesadores cuyo poder virtualmente se duplica cada año. Desde su mirada, la sociedad tiene mucho para crecer todavía si queremos estar listos para un futuro conectado ubicuamente en donde virtualmente cualquier cuestionamiento, hasta el más complicado diagnóstico médico, puede ser contestado con una red de sensores y dispositivos inteligentes. “Apenas me gradúo de la universidad, mi conocimiento está desactualizado. Sería ingenuo atribuirle poderes mágicos a las nuevas tecnologías. Pero sí pueden desbloquear nuevas oportunidades para abordar los grandes retos no resueltos de la humanidad, desde la pobreza y el hambre hasta la educación y la salud. Creemos en un futuro de abundancia, no de privación. Y todos deberíamos ayudar a construir este futuro.”

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Un futuro donde la tecnología prevenga que las personas experimenten privación es también el foco favorito de Peter Diamandis, quien fundó el movimiento Singularity junto a Kurzweil. Él también publicó un libro titulado Abundance: The future is Better Than You Think, en el que su tenor optimista es un manifesto para la organización. “El mundo está cambiando más rápido de lo que cualquiera de nosotros es consciente”, asegura Diamandis. “Tecnologías exponenciales –desde fabricación a través de robótica hasta terapia de genes – son una gran oportunidad para erradicar la pobreza para billones de personas, y darles acceso a agua potable y un sistema de salud de confianza. En cuanto Internet haya impregnado completamente el paneta, por ejemplo, hasta la universidad más elite de los Estados Unidos estará a unos tabs de smartphone de distancia de cualquier pueblo africano.” ¿Qué pasa cuando pensamos en el cambio exponencial? Rob Nail, CEO de Singularity University, sabe la respuesta de primera mano. “Yo me di cuenta de inmediato que hasta en mi propio campo no tengo idea qué estaba viniendo y cuán rápido. Eso fue increíblemente revelador. Queremos cambiar la condena permanente de los medios con algo positivo. Si hemos de vivir en un mundo sin “querer”, varias cosas deben ser puestas en marcha en los próximos 30 años por gobiernos y políticos, companías y startups, academias y fundaciones, e investigadores. Nosotros apuntamos a unir todos estos grupos para que piensen más allá de sus operaciones del día a día, desarrollen ideas no convencionales y las implementen con socios no convencionales”, dice Nail. En los últimos nueve años, esta llamada para moldear el futuro activamente ha evolucionado en un movimiento global. Cada un par de meses, casi 100 líderes de todos los rincones del mundo son invitados al Executive Program en California. En el transcurso de una semana, ellos absorben y discuten la mayor cantidad de formaciones de ideas lidiando con las inminentes disrupciones. Hasta ahora, 3000 personas han participado en este caro e intensivo curso en la órbita de gigantes de la tecnología como Google, Apple y Facebook. La aceptación en este pequeño círculo depende de un proceso de aplicación en donde los candidatos debe describir cómo pretenden ellos personalmente cambiar el mundo. De manera de acelerar la transformación en todos los ámbitos, Singularity University comenzó recientemente apoyando y financiando startups que consideraban prometedores desde Kenya hasta California. Equipos que proponen ideas innovadoras para combatir temas como pobreza, salud y educación pueden anotarse en una incubadora de siete semanas en SU antes de presentar sus conceptos y prototypos en la feria de demostración. En cuanto la idea se transforma en un startup, la empresa SU participa de la recientemente formada empresa y contrae valiosos contactos con mentores, potenciales socios, e inversores. Desde su lanzamiento en 2016, un total de once equipos pasaron por la incubadora, reporta Monique Giggy, a la cabeza de la empresa SU. La mayoría se convirtieron en empresas de cartera. Le empresa SU ha invertido en un total de 58 startups, que han atraído 220 millones de dólares en capital invertido y creado más de 500 puestos de trabajo a la fecha.

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Nimbus Roebourne, 2017, Foto: Bewley Shaylor Posible gracias a: FORM-Building a state of creativity, Australia